lunes, 21 de febrero de 2011

Lectura del evangelio según Mateo 11,2-11 (10/12/10)

Para pensar el Mundo, el evangelio del reino de Dios y su justicia.
Manolo

 
En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!» Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti." Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

Reflexión pastoral
El tiempo de Adviento es un tiempo de preparación para un acontecimiento central producto de la voluntad divina, y la natividad del Señor es precisamente esto, que como toda acción de Dios es anticipada a los humanos por medios humanos (profetas) para que ese actuar se perciba en señales sobrenaturales, distintivas de la divinidad.
Juan el Bautista es presentado en el Evangelio, como animador de las expectativas acerca de una pronta intervención de Dios en la historia mediante su mesías. Estas expectativas son tan trascendentes para la humanidad que requieren del comunicador una entrega total y convincente en palabras y gestos.
Es impresionante como Jesús en este texto mateano, exalta la figura de Juan como un profeta que cumple acabadamente su rol.
Decíamos el domingo pasado que nadie como Juan Bautista, es tipo de la Iglesia en su misión de crear expectativas acerca del accionar divino, trascendente para toda la humanidad.rEsta es la razón por la cual la comunidad cristiana tiene en las referencias jesuánicas acerca de Juan, material más que importante para entender como debe ser su carácter de anunciadora de Otro mun do posible.
En este sentido es muy valioso destacar como Jesús se refiere a Juan mediante las preguntas retóricas lanzadas a sus oyentes de la ocasión. Pareciera que Juan era visto como un espectáculo exótico, un loquito utópico sin anclaje en el sistema dominante y por lo tanto como si fuera una “caña bamboleada por el viento” que no tiene ninguna posibilidad de éxito.
Cuanto nos enseña esto a nosotros hoy como comunidad profética al servicio del Reino de Dios, constantemente interpelados por el éxito y la ganancia en términos de seguidores.
Es increíble muchas veces ver las cosas que dicen algunas pastorales, para llamar la atención del público, sobre sí mismas presentándose no como precursoras, sino como fin último.
Lejos esté de nosotros ser vistos como fin de la historia y no como precursores del reinado de Dios, tal el caso del elogiado Juan, de quien el mismísimo Jesús dijo: “no verse entre los seres humanos calidad de tal como él”
Con la fiesta de Navidad, tenemos( la Iglesia ) una gran oportunidad de recuperar la mística profética propia de quien se dice precursora del nuevo tiempo, el de la justicia en serio, los DDHH y defensa de la creación de Dios, y abandonar las veleidades competitivas pensando aquello de que la salvación (el cielo) está dentro de los límites de nuestros dogmas.
Debemos bañarnos en la humildad de Juan, que dudó acerca de Jesús, no fuera que se hubiese equivocado en señalarlo a él como mesías de Dios prometido.
Así es mis hermanos, debemos dejar de hablar de nosotros mismos (la igle sia) y hablar todo lo concerniente al reinado de Dios, del cual Jesús es el Señor, porque esa es la gloria del Padre que veríamos, según Isaías.
Ojalá que mañana en la UNC mostremos(el Consejo Interreligioso) la dignidad de representantes humildes de Dios, preocupados junto a los que no creen, precisamente en creer que Otro mundo es posible, aquí y ahora. No vamos a defender a la religión de la secularización, sino que vamos a dialogar con humildad que la inclusión social también es parte del anuncio del reino de Dios y su justicia, y que por lo tanto podemos y debemos trabajar por ella, tanto las ciencias sociales, como la religión.
Sé de muchos que creyendo que la iglesia de Jesús hoy es una “caña sacudida por el viento” pronta a quebrarse, al establecer nuevos diálogos con comunidades anónimas dentro de esa Iglesia universal, cambiaron su óptica para desde su lugar hacer esfuerzos conjuntos por la justicia y la paz.
Si esto no es un nuevo tiempo, el nuevo tiempo ¿donde está?
 

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