miércoles, 16 de marzo de 2011

Mateo 4,1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes." Pero él le contestó, diciendo: "Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.""
Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: "Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras."" Jesús le dijo: "También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios.""
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: "Todo esto te daré, si te postras y me adoras." Entonces le dijo Jesús: "Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.""
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Reflexión pastoral
Este relato es una composición literaria dirigida a fundamentar que la huma-nidad de Jesús es total y común a toda persona, y esto para oponerse a la idea circulante y creciente en la comunidad de discípulos, especialmente del ambiente cultural griego, de adjudicarle al resucitado la categoría de divino y por lo tanto la predeterminación de sus actos, sin ejercicio de la condición humana de la elección del rumbo para la vida.
Para Mateo y su comunidad esta doctrina aparecida en el mundo de cultura dualista (griega) es inaceptable y por lo tanto debe ser combatida con el relato de un Jesús, aunque Mesías, totalmente humano. Esta posición mateana es imprescindible para el llamado que hace
a lo largo de todo el Evangelio a los seguidores de Jesús a imitarlo. Es evidente la intención del escritor de mostrar que lo que hace Jesús en todo su ministerio le cuesta la tarea de pensarlo y  decidir lo previamente, en medio de las dudas propias de quién no sabe a ciencia cierta lo que pasará. En este sentido va el relato en el que los discípulos le preguntan a Jesús acerca del “fin del mundo” cuestión a la que responde con un humanísimo “no lo sé”, mostrando así su
limitación.
La lógica de Mateo es clara: si presento a Jesús como una divinidad, ¿que persona humana puede ser como él?
Hoy nos valemos de esta lógica para invitar a todos/as a tomar a Jesús como paradigma de humanidad en la misión de construir justicia y paz desde la recomendación del Creador. Estos valores fundamentales no están presentes en el mundo, porque precisamente no hemos sabido defender el proyecto de Dios revelado por los profetas, cediendo a la tentación que Jesús en su mo- mento rechazó, y de lo cual este relato de Mateo da testimonio.
La cuaresma es entonces el tiempo litúrgico en donde la comunidad de se- guidores de Jesús, hace un “mea culpa” de haber cedido a las corrientes liberales que instalaron la idea del libre mercado como fin de la historia, olvidando el proyecto de Jesús llamado Reino de Dios y su justicia.
Quienes tengamos a la cuaresma como momento propicio para revisar nues-tras responsabilidades por el mundo que estamos construyendo, o por dejar que algunos construyan, deberíamos juntarnos en torno al proyecto de Jesús y defenderlo, como nuestro hermano mayor defendió en el desierto el mode- lo de los profetas.

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