lunes, 18 de abril de 2011

Mateo 21: 6-16

La militancia por los DD.HH. de los pobres excluidos siempre acarrea en-frentamientos con las clases dominantes, en cualquier tiempo que se verifi-que esa acción religiosa (porque responde al mandato divino de que no hayan excluidos) y política (porque confronta con los poderes terrenales que los niegan escandalosamente), y estos enfrentamientos pueden llegar al de- rramamiento de la sangre de los militantes (el caso de Jesús).
El Salmo que leeremos hoy con gran emoción describe el grito militante, que clama ser acompañado por el Padre en la experiencia del despojo de la dignidad por parte del poder opresor.

Sal 21,8-9.17-18a.19-20.23-24
Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere.»
Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos.
Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel.

Mateo 21: 6-16
Los discípulos se fueron e hicieron como Jesús les había mandado.  Le trajeron la burra con su cría, le colocaron sus mantos sobre el lomo y él se sentó encima.
Había muchísima gente; extendían sus mantos en el camino, o bien cortaban ramas de árboles, con las que cubrían el suelo.
Y el gentío que iba delante de Jesús, así como los que le seguían, empezaron a gritar: «¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en lo más alto de los cielos!»
 Cuando Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se alborotó y preguntaban: «¿Quién es éste?» Y la muchedumbre respondía: «¡Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea!»
Jesús entró en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo. Derribó las mesas de los que cambiaban monedas y los puestos de los vendedores de palomas. Les dijo:
«Está escrito: Mi casa será llamada Casa de Oración. Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.»
También en el Templo se le acercaron algunos ciegos y cojos, y Jesús los sanó.
Los sacerdotes principales y los maestros de la Ley vieron las cosas tan asombrosas que Jesús acababa de hacer y a los niños que clamaban en el Templo: «¡Hosanna al hijo de David!». Estaban furiosos
Sal 8,3 y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen ésos?» Les respondió Jesús: «Por supuesto. ¿No han leído, por casualidad, esa Escritura que dice: Tú mismo has puesto tus alabanzas en la boca de los niños y de los que aún maman?»

Reflexión pastoral
El proyecto liberador de Jesús, llamado por él Reino de Dios y su justicia, era y es todavía hoy una actualización del proyecto profético vetero/testamentario sostenido desde Moisés en el decálogo, y puesto al día por el deuteronomista del tiempo del rey de Israel, Josías.
Este proyecto fue dejado de lado por la elite sacerdotal, refugiada en el templo, que impuso su propio modelo basado en la pureza ritual religiosa, por la cuál había que pagar con animales para el sacrificio (negociados por el mismo templo), y que para poder mantener los privilegios que de esta profesión emanaban, en un contexto de dominación imperial, tuvo que tranzar con Roma ( rey Herodes les construyó el templo) un sometimiento en el que el templo no fuera destruido, a cambio de prestarse a salvaguardar al Imperio de sublevaciones y alzamientos de los judíos oprimidos.
Fue así que el sacerdocio era más agente del orden romano, que servicio al pueblo en la presencia de Dios en la Casa de oración.
En este marco es que Jesús retoma el proyecto profético y conforma su mo- vimiento de pobres, excluídos  y declarados impuros con los que luego de su formación, se dirigió al Templo para su liberación como espacio de ora-ción y animación de las ideas libertarias, propias del pueblo de Israel.
El Evangelio de hoy, domingo de ramos, nos impone cómo fue esta entrada de Jesús en la ciudad y su acción subversiva posterior en el Templo, para que las celebremos a pesar del final cruento que tuvo, pero más que nada para que sepamos cual es la responsabilidad que asumimos los que nos deci- mos seguidores o discípulos de Jesús, cuando profesamos la fe en El como camino, verdad y vida, de ser veedores de la justicia en la tierra a fin que esta cumpla su realización de un mundo de paz.
Hoy la juricidad implementada para asegurar las diferencias de clase social,
la propiedad privada, la ética del capitalismo y otras relaciones de poder totalmente injustas, es como la abdicacion de los sacerdotes del Templo jerosolimitano, que en vez concebir con la mente de Dios a la justicia como restauradora de la igualdad, la vendieron al servicio de la persecución y condena de los transgresores de los intereses de la clase social dominante.
Tristemente estas normas jurídicas injustas y contrarias al proyecto de Jesús, porque no tienen a la paz para todos en la mira, son naturalizadas por muchos quienes se declaran cristianos, y peor aún, se refugian en la religión como neutralidad alienante, creyendo con ello preservar el nombre de Dios tres veces Santo.
Para estos cristianos un Jesús subversivo del status quo como el que entra en Jerusalen es intolerable, por lo tanto hay que cambiarlo por aquél que misteriosamente va al Templo para que lo maten, y así cumplir con el designio divino del derramamiento de la sangre inocente para satisfacer la furia de la divinidad por la humanidad, a causa de su pecado.
Nosotros quisiéramos, en este domingo de ramos, llamar la atención del poder mundial y su injusta construcción jurídica, parafraseando a Jesús en su expresión “…mi Casa será llamada casa de oración… a la que han convertido en cueva de ladrones”, y decir “…la justicia del Cielo es para la paz y ustedes la han convertido en una razón para la guerra”.
A la vez hacer un llamado a las religiones al compromiso por una práctica de la justicia, que a semejanza del Dios de la misericordia, contribuya a considerar que todo ser humano es criatura de Dios y por lo tanto con una dignidad propia, que de ninguna manera puede pisotear ninguna norma jurídica.
Nos ofrecemos humildemente al diálogo entre las religiones de buena voluntad, capaces de una nueva reflexión frente al avance del individualismo legalizado, y jugar el papel profético que en los distintos textos sagrados se nos reclama como personas de fe en Dios y en la vida digna para todos y todas.
 

martes, 12 de abril de 2011

Juan 11,1-45 (09/04/11)

La resurrección: Signo del reinado de Dios y su justicia restauradora. Abrazo
Manolo

En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.]
Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: "Señor, tu amigo está enfermo." Jesús, al oírlo, dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella." Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: "Vamos otra vez a Judea."
[Los discípulos le replican: "Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?" Jesús contestó: "¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto, añadió: "Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo." Entonces le dijeron sus discípulos: "Señor, si duerme, se salvará." Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa." Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: "Vamos también nosotros y muramos con él."]
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá." Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará." Marta respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día." Jesús le dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo."
[Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: "El Maestro está ahí y te llama." Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano."]
Jesús, [viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban,] sollozó y, muy conmovido, preguntó: "¿Donde lo habéis enterrado?" Le contestaron: "Señor, ven a verlo." Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: "¡Cómo lo quería!" Pero algunos dijeron: "Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?" Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: "Quitad la losa." Marta, la hermana del muerto, le dice: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días." Jesús le dice: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: "Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado." Y dicho esto, gritó con voz potente: "Lázaro, ven afuera." El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo y dejadlo andar."
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Reflexión pastoral
El Reinado de Dios y su justicia fue el anuncio de Jesús que registran los Evangelios para la humanidad de todas las generaciones y todas las latitudes,
y a ello entregó su vida de manera total.
Los evangelios, escritos en distintas fechas pos-pascuales, son composiciones que fueron producidas para mostrar cuales fueron las maneras que Jesús empleó para explicitar en que consistía dicho reinado divino.
Juan evangelista expresa que Jesús difunde las características del Reino mediante signos y señales que sus seguidores debían desentrañar para luego incorporar en su testimonio al mundo.
El relato de la resurrección de Lázaro entonces es una señal o signo, que Juan incluye en su testimonio, para ilustrar a la comunidad de fe en el seguimiento de Jesús como este encarna la justicia restaurativa, original del Reino de Dios, como insumo básico para la construcción de la nueva comunidad humana en paz.
Los sistemas de justicia que se han desarrollado en el mundo tienen como piedra angular o fin en si mismo penalizar, al término de un juicio, a las personas que cometen delitos por iniciativa propia o inducida. A la vista está, que lejos de encontrar la paz lleva este camino.
La propuesta de Jesús es que el mundo actúe a semejanza del Padre identificando a la justicia como instrumento restaurador, y así el mundo pueda ver la gloria de Dios en la resurrección de los condenados, dominando la tierra.
La concepción bíblica de la muerte como penalización del pecado es contrapesada por Jesús con su propuesta del Reino, que tiene a la justicia de la resurrección como restauradora del supremo valor de la vida en plenitud de los “muertos en sus delitos y pecados” para todos los seres humanos del planeta.
Cuando en la tierra la justicia no se agote en la pena de los transgresores de la ley sino en la instalación de la paz mediante la resurrección (restauración en plenitud) de los condenados, recién entonces el Reino de Dios estará cerca.
Por supuesto que para esto es necesaria una nueva mente, la del Dios de Jesus, que promueve la esperanza en una nueva humanidad, no de otro planeta,
sino de aquí, transformada por el ágape generalizado de todas y todos desde la conciencia fraternal aflorando al final del día individualista, en el que la justicia sólo concibe el “ojo por ojo y diente por diente”.
La mente de Dios en los humanos es la propuesta de las comunidades religiosas no soberbias, que se prestan al Reinado de Dios sobre la tierra porque saben que este las trasciende, por lo tanto no son autoreferenciales sino compañeras de búsqueda entre todas las de buena voluntad de la nueva conciencia que haga realidad OTRO MUNDO POSIBLE

Juan 9,1-41 (01/04/11)

Para cristianos en capacidad de vislumbrar que Otro mundo es posible. Que jesús unte con el barro de la tierra nuestros ojos.
Manolo


En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. [Y sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quien pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?" Jesús contestó: "Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo."
Dicho esto,] escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado." Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: "¿No es ése el que se sentaba a pedir?" Unos decían: "El mismo." Otros decían: "No es él, pero se le parece." Él respondía: "Soy yo."
[Y le preguntaban: "¿Y cómo se te han abierto los ojos?" Él contestó: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver." Le preguntaron: "¿Dónde está él?" Contestó: "No sé."]
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: "Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo." Algunos de los fariseos comentaban: "Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado." Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?" Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?" Él contestó: "Que es un profeta."
[Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?" Sus padres contestaron: "Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse." Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: "Ya es mayor, preguntádselo a él."
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador." Contestó él: "Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo." Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?" Les contestó: "Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?" Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: "Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene." Replicó él: "Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder."]
Le replicaron: "Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?" Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: "¿Crees tú en el Hijo del hombre?" Él contestó: "¿Y quién es, Señor, para que crea en él?" Jesús les dijo: "Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es." Él dijo: "Creo, señor." Y se postró ante él.
[Jesús añadió: "Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve vean, y los que ven queden ciegos." Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: "¿También nosotros estamos ciegos?" Jesús les contestó: "Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste."]

Reflexión pastoral

Lejos de alentar una práctica eclesial mágica, este texto juanino es un relato para mostrar la autoridad profética de Jesús, catalogado por el evangelista en el principio de su documento como el “Verbo era Dios que habitó entre nosotros”, frente a las autoridades del Templo perimidas e inoperantes en la solidaridad con los menoscabados, como el ciego de la historia.
Visto este acontecimiento desde el interés de Juan, no caben dudas acerca de cuál es la misión de la Iglesia seguidora de Jesús en la historia pos-pas cual, que los oprimidos recuperen la vista para discutir el poder de los opresores.
La presentación de Juan que hoy nos ocupa en esta cuaresma, es un llamado de atención a la Iglesia en misión que no debemos desaprovechar para recuperar autoridad moral(como la iglesia primitiva), en medio del descreimiento generalizado (cuando no creencia en contra) acerca del propósito liberador de la comunidad de fe en Jesús histórico.
Es por esto que no debemos ahorrar tiempo en esta reflexión, si la misma desnuda las miserias que acarreamos desde que nuestra lectura del Evangelio ha sido sólo sacramental, y no vivificante del discipulado radical de Cristo.
Este aprovechamiento del tiempo cuaresmal colectivo, no sólo individual, traerá a nuestras conciencias la necesidad de cambios profundos en el ser Iglesia al servicio del Reino de Dios y su justicia, que redundarán directamente en las cegueras del mundo, trayendo una nueva mirada más humana, como sellada con la imagen y semejanza de Dios creador.
Salir de la ceguera es el deseo de Dios expresado en Jesús por Juan en su evangelio, razón por la cual, seguir en la ceguera es un acto de soberbia insultante que creo no deberíamos desconocer, a riesgo de pertenecer al grupo de lo calificados por Jesús como pseudos-videntes.  
Con esta consigna, las comunidades cristianas integradas en la Iglesia del Cristo de Dios, construyen (o deben) una agenda destinada a generar el mismo debate, que por indicación de Jesús, propició el ciego sanado.
Lo original del relato es que la clase dirigente (Moisés-Aarón) de los hebreos (o israelitas) luego judíos, otrora gentuza insignificante, cuando tuvieron conciencia de su dignidad le discutieron el poder al faraón del Egipto imperial hasta ganar su liberación, ahora son parte de las estructuras del poder concesionado por los romanos y lejanísimos a las miserias del pueblo oprimido.
Con este antecedente, hoy una cuaresma eclesial es un verdadero desafío ya que nos puede poner, fruto de una lectura histórico-crítica del Evangelio, en vez del camino de la liberación (del ver) como agentes funcionales al poder opresor, con una agenda del “status quo” inservible para el marco local y mundial de opresión, injusticia y desigualdad.
¿Como se verifica una Iglesia del “status quo”?
Cuando decimos fuera del contexto jesuánico aquello de: “siempre habrá pobres”, estamos justificando la marginalidad como efecto indeseado del sistema sacralizado de libre mercado, y frente a esto a los “ciegos” (los excluidos) se los provee de bastón para desenvolverse en la oscuridad, pero nunca de ideas (nueva visión) revolucionarias como las del Reino de Dios, nuestra agenda es neutra y por lo tanto, al decir del Apocalipsis, “vomitiba” al gusto del Señor.
Cuando tomamos los valores occidentales, por ejemplo de propiedad privada, justicia retributiva, sociedad de clases, y solidaridad opcional como íconos sagrados y los difundimos como cristianos, nos inscribimos al servicio de un modelo individualista totalmente ajeno al proyecto de Jesús que nos coloca en la perspectiva divina de verdaderos desconocidos, que Jesús marcó a sus discípulos preguntándoles: “¿ y ustedes de quienes son?”.
En la Cuaresma la Iglesia lee el evangelio, ¡ojalá! nuestros ojos sean abiertos al plan de Dios encarnado en Jesús, y seamos a la vez como él apertura de nuevas visiones en el mundo que nos lleven a la justicia y paz verdaderas.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Juan 4,5-42 (27/03/11)

Para que levantemos los ojos y veamos los campos listos para la siega de Otro mundo posible.
Manolo


En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: "Dame de beber." Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?" Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva." La mujer le dice: "Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?" Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna." La mujer le dice: "Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla."
[Él le dice: "Anda, llama a tu marido y vuelve." La mujer le contesta: "No tengo marido." Jesús le dice: "Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad."
La mujer le dice: "Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén." Jesús le dice: "Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad." La mujer le dice: "Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo." Jesús le dice: "Soy yo, el que habla contigo."
[En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: "¿Qué le preguntas o de qué le hablas?" La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: "Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?" Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.
Mientras tanto sus discípulos le insistían: "Maestro, come." Él les dijo: "Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis." Los discípulos comentaban entre ellos: "¿Le habrá traído alguien de comer?" Jesús les dice: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores."]
En aquel pueblo muchos [samaritanos] creyeron en él [por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho."] Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo."

Reflexión pastoral
En el tercer domingo de Cuaresma, somos llamados por el Evangelio a encontrar en Jesús el modo humano de vida en plenitud. El evangelista Juan dice esto mediante el relato de un encuentro casual entre Jesús dador de agua vivificante, y una mujer de origen samaritano en plena tarea doméstica, con una larga y pesada lista de intentos por alcanzar su realización personal sin lograrlo hasta el presente.
Hoy, como comunidad proclamadora de que OTRO MUNDO ES POSIBLE, al igual que Juan el evangelista proponemos al mensaje de Cristo, de justicia restaurativa para la paz, como agua fresca que restaura a la sedienta humanidad que no logra acertar donde encontrarla. Todas las aguas probadas han sido efímeras y contaminadas.
Necesitamos (el colectivo cristiano del cual formamos parte por la fe en Jesús) explicitar en lo concreto de la vida en la tierra, la consigna del evangelio leído: “Jesús  es el agua viva”, para que florezca y eche raíces Otro mundo posible, donde la paz no es un deseo sino una experiencia verdadera.
En este sentido el diálogo de Jesús con la samaritana nos ilumina de manera brillante para una nueva manera de religión, veamos esto.
Jesús reconoce como válido el cuestionamiento de la mujer de religiones autoritarias, pagadas de sí mismo, que se descartan entre sí, y anticipa que ese modo religioso está perimido y condenado a la desaparición, por individualista, elitista y consecuentemente falso, y dar paso a aquella religión universal para la que Dios es Padre de todos y todas sin exclusividades. Esta nueva espiritualidad desestructurada, al sostener que Dios es Padre, empieza a entender a los seres humanos como hermanos/nas y al planeta como casa común y sagrada, y a la justicia que en ella impera como la gran herramienta de la paz. Si esto no es agua fresca, ¿que lo será?,¿el libre mercado global, donde los grandes se comen a los chicos porque no pueden competir y si no pueden competir deben estar fuera del mercado?  ¡Sí, puede que sea agua, pero contaminada! aunque presentada por la propaganda materialista-pragmática como pura y realista, pero que es preferible lejos, no tan cerca y tan atrayente.
La otra agua compitiendo es la del consumo constantemente creciente, hasta alcanzar por medio de las posesiones la autonomía del resto mortal, y el poder que hace creer en un solo dios: “YO”.
El gran desafío de la iglesia militante por el Agua Pura (Jesús) es mantener su pure-za en medio de tantas pseudoaguas que no vienen de las alturas (Cielo-Dios) sino son de fabricación sintética en los laboratorios de la propaganda mediática por lo tanto indefectiblemente contaminada. 

Mateo 17,1-9 (19/03/11)

Para vivir la Paz,¡escuchémonos!
Manolo

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: "Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo." Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis."
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”

Reflexión pastoral
Para la comunidad de Mateo, que nos deja este testimonio, era muy importante poner a Jesús en el rango de profeta de Dios, con autori- dad en quién confiar el destino de la nación (Israel) y el mundo.
Para esto su Evangelio traza un paralelo entre Moisés, el indiscutido profeta-legislador y Jesús de Nazareth, teniendo en cuenta que todo referente para el pueblo judío debía manifestar ciertas características exclusivas que demostraran que el mensaje expuesto era de proce- dencia divina.
Tanto el relato de las tentaciones en el desierto como el presente de la transfiguración, deben ser considerados a la luz de este interés mateano de justificar la autoridad de Jesús como el Cristo de Dios para la nueva liberación de los pobres de Israel, emprendida por Yavé desde los días de la liberación de Egipto. Pareciera como si el signo del resplandor glorioso de Dios manifestado en Jesús, hubiese sido una necesidad del pueblo judío pobre y excluido, para poder abiertamente afirmar su obediencia y seguimiento comprometido del Nazareno, y proclamarlo justificadamente Mesías de Israel.
Al concretarse en la cumbre de la “montaña alta” esta demanda, se satisface dicha expectativa y libera de las dudas acerca de la proce- dencia de la autoridad de la palabra proclamada.
Para los primeros cristianos este signo vivido por Pedro, Santiago y Juan fue fundamental para la causa del Reino de Dios y su justicia, ya que esta experiencia animó la certeza de la cercanía del mismo y por ello el entusiasmo, aún en medio de grandes dificultades, de hacer presente en el aquí y ahora el Otro mundo posible que les auguró Jesús en el Sermón de la montaña, si ellos se comprometían fielmente en su construcción.
¿Es posible hoy la mística de los primeros discípulos de Jesús para hacer realidad el proyecto del Cristo de Dios en nuestro tiempo?, sólo si recuperamos en nuestros confundidos oídos la consigna divina del monte de la transfiguración: “Este es mi Hijo predilecto, ¡escúchenlo!”.
En este sentido la Palabra de Jesús, que es palabra de Dios, se actuali za encarnándose en los excluidos migrantes, sin tierras, desplazados de sus culturas, indocumentados, trabajadores precarizados, pueblos originarios, etc. que en su condición de personas sin derechos reconocidos le manifiestan a la Iglesia de Cristo el desafío de una verdadera justicia que no es otra que la del Reino de Dios, común a todas la religiones del mundo.
Escuchar al Hijo de Dios hoy implica un diálogo interreligioso, social y político amplio sobre los grandes temas de la humanidad, sus sufrimientos y anhelo de paz verdadera.
La comunidad religiosa que sólo se oye a sí misma muestra a Dios como su posesión, por más que proclame un discurso de sujeción a él, tal como ocurrió en la montaña con la propuesta de Pedro de construir cabañas para quedarse con la Palabra de Dios encerrada en un solo ámbito, y desde allí mandar.
Sabiamente Jesús se negó a semejante fundamentalismo desestiman-do la idea con un lacónico: “Levántense, no tengan miedo”, a qué si-no al debate que les esperaba abajo con el poder dominante.
Que esta Cuaresma propicie en los cristianos bajar de la montaña se-gura, e involucrarse en la causa universal de la justicia restaurativa que es Palabra de Dios para todas las generaciones.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Mateo 4,1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes." Pero él le contestó, diciendo: "Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.""
Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: "Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras."" Jesús le dijo: "También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios.""
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: "Todo esto te daré, si te postras y me adoras." Entonces le dijo Jesús: "Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.""
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Reflexión pastoral
Este relato es una composición literaria dirigida a fundamentar que la huma-nidad de Jesús es total y común a toda persona, y esto para oponerse a la idea circulante y creciente en la comunidad de discípulos, especialmente del ambiente cultural griego, de adjudicarle al resucitado la categoría de divino y por lo tanto la predeterminación de sus actos, sin ejercicio de la condición humana de la elección del rumbo para la vida.
Para Mateo y su comunidad esta doctrina aparecida en el mundo de cultura dualista (griega) es inaceptable y por lo tanto debe ser combatida con el relato de un Jesús, aunque Mesías, totalmente humano. Esta posición mateana es imprescindible para el llamado que hace
a lo largo de todo el Evangelio a los seguidores de Jesús a imitarlo. Es evidente la intención del escritor de mostrar que lo que hace Jesús en todo su ministerio le cuesta la tarea de pensarlo y  decidir lo previamente, en medio de las dudas propias de quién no sabe a ciencia cierta lo que pasará. En este sentido va el relato en el que los discípulos le preguntan a Jesús acerca del “fin del mundo” cuestión a la que responde con un humanísimo “no lo sé”, mostrando así su
limitación.
La lógica de Mateo es clara: si presento a Jesús como una divinidad, ¿que persona humana puede ser como él?
Hoy nos valemos de esta lógica para invitar a todos/as a tomar a Jesús como paradigma de humanidad en la misión de construir justicia y paz desde la recomendación del Creador. Estos valores fundamentales no están presentes en el mundo, porque precisamente no hemos sabido defender el proyecto de Dios revelado por los profetas, cediendo a la tentación que Jesús en su mo- mento rechazó, y de lo cual este relato de Mateo da testimonio.
La cuaresma es entonces el tiempo litúrgico en donde la comunidad de se- guidores de Jesús, hace un “mea culpa” de haber cedido a las corrientes liberales que instalaron la idea del libre mercado como fin de la historia, olvidando el proyecto de Jesús llamado Reino de Dios y su justicia.
Quienes tengamos a la cuaresma como momento propicio para revisar nues-tras responsabilidades por el mundo que estamos construyendo, o por dejar que algunos construyan, deberíamos juntarnos en torno al proyecto de Jesús y defenderlo, como nuestro hermano mayor defendió en el desierto el mode- lo de los profetas.

jueves, 10 de marzo de 2011

Salmo: 30 - Deuteronomio 11,18.26-28.32 - Romanos 3,21-25a.28 - Mateo 7,21-2 (05/03/11)

1-Llegada de los celebrantes
Al culto de la comunidad que busca el rostro de Dios, Padre de misericordia, y que al encontrar su mirada compasiva, lo pueda alabar con conciencia y emoción sincera.
En esta jornada nos proponemos exaltar la palabra profética que nos ha sido revelada por Jesucristo, porque es una roca inamovible capaz de asegurarle a la humanidad que confíe en ella, la plenitud de vida en el marco de la justicia, que es el lugar de la paz.
No hay nada más valioso para las personas que habitamos este planeta que encontrar la Palabra iluminadora del sendero de la dicha, anhelada por todos y todas, tenerla por lo tanto es una bendición insuperable, porque de ella depende la felicidad de la existencia.
Tenemos pues razones profundas para nuestra adoración y alabanza a Dios que nos ha dado la Palabra Roca en Jesús, hagámoslo con gozo.

-Canto de llegada-

-Oración de llegada-
Padre de bondad, gracias una vez más por habernos dado a tu hijo Jesús, de quien estamos orgullosos por ser uno de los nuestros, hombre cabal, en el que te has dignado darte a conocer y revelarte a la humanidad.
Por él hemos conocido, aunque después lo hayamos olvidado,
que no eres Dios que te guste morar en grandes templos y catedrales, sino que quieres ser venerado en espíritu y en verdad
y prefieres la oración íntima y personal al culto más solemne.
Sabemos por Jesús, porque fue siempre fiel reflejo de tu pensamiento, que no te agradan quienes se muestran ansiosos por los primeros puestos y, envolviéndose en ropajes lujosos, buscan las reverencias de los demás.
Sabemos por Jesús, que aprecias no a quien sólo da lo que le sobra,
sino a quien es capaz de compartir generosamente su vida y sus bienes.
Sabemos que Jesús nos dio ejemplo continuo de perfecta solidaridad,
que culminó con su entrega aceptando una durísima muerte en cruz.

Esta parte del Salmo 30 es una oración del militante que decide seguir el proyecto de justicia del Señor y en ella expresa su necesidad de no ser defraudado.
Hoy tenemos la oportunidad de renovar este Salmo adentrándonos en su contenido y haciéndolo nuestro.
Esta oración es sólo para los que van a correr el riesgo de vivir de acuerdo a los valores del reinado de Dios.


Salmo: 30
A ti, Señor, me entrego; / no quede yo nunca defraudado; / tú, que eres justo, ponme a salvo, / inclina tu oído hacia mí; / ven aprisa a librarme.
Sé la roca de mi refugio, / un baluarte donde me salve, / tú que eres mi roca y mi baluarte; / por tu nombre dirígeme y guíame.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, / sálvame por tu misericordia. / Sed fuertes y valientes de corazón, / los que esperáis en el Señor.

-Cantos alusivos-

2- Entrada de la Biblia

 ¡Aleluya!

Deuteronomio 11,18.26-28.32
Moisés habló al pueblo, diciendo: "Meteos estas palabras mías en el corazón y en el alma, atadlas a la muñeca como un signo, ponedlas de señal en vuestra frente. Mirad: Hoy os pongo delante bendición y maldición; la bendición, si escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy; la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os desviáis del camino que hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros, que no habíais conocido. Pondréis por obra todos los mandatos y decretos que yo os promulgo hoy."

Romanos 3,21-25a.28
Hermanos: Ahora, la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y los profetas, se ha manifestado independientemente de la Ley. Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen, sin distinción alguna. Pues todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Sostenemos, pues, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley.

Mateo 7,21-2 
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día, muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?" Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados."
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente."

Reflexión pastoral
A lo largo de todo el Sermón de la montaña, Jesús contrasta al Reino de Dios (proyecto político profético basado en la tradición yavista)  como marcadamente lejano del modelo culto-céntrico de los “doctores de la ley”, tanto fariseos como saduceos, dominadores del Templo. Es como si quisiera plantear, en los potenciales militantes, el carácter revolucionario de su propuesta, evitando así la tentación de sólo ser reformista. Y el final de su alocución no puede ser mejor para mostrar las diferencias entre modelos.
Las fórmulas religiosas como las expresiones: “Señor, Señor” y “en tu nombre”, usadas como ejemplos en esta metáfora, eran propias de la autoridad sacerdotal de aquella época y que le daban a la casta el poder condenatorio de los impuros. Esta misma característica tiene la enseñanza jesuánica que se desprende de la parábola del fariseo y el pecador, que suben a orar al templo. En este relato el único que creía, por su posición, tener autoridad para expresar “Señor, Señor” era el fariseo y lo hacía público para marcar las diferencia profundas que tenía con el “desautorizado” pecador, que murmulla con la “cabeza en el suelo” por si es escuchado. Tanto en el Sermón del monte como en la parábola, Jesús declara completamente inválidas, ante Dios, las fórmulas utilizadas por el poder para manifestar su superioridad.
Ahora bien, en el modelo que el profeta-maestro preconiza, la llave para ser un militante de la causa profética auténtica y por ende un “bienaventurado” ante Dios, es la disposición a construir OTRO MUNDO POSIBLE, y este sobre la roca de la JUSTICIA RESTAURATIVA, totalmente revolucionaria del modelo sacerdotal de justicia retributiva.
Tenemos aquí pues un nuevo llamado a una vida comprometida no con la religión, sino que desde la religión, cualquiera sea ella, con la justicia restaurativa para la paz.
El tema no es de que manera nombrar a Dios (una discusión interminable y sin sentido, según Jesús) sino si nuestras prácticas de construcción de una sociedad planetaria (tarea insoslayable del seguidor de Cristo) están basadas en los DDHH tan claramente expresados a lo largo del texto bíblico.
Esta es una buena ocasión para que las comunidades reflexionen en la misión encomendada por Jesús en su Sermón de la montaña, si quizás el reinado de Dios y su justicia está lejos porque estamos en cuestiones doctrinales, formales e institucionales que ocupan toda la agenda eclesial, en desmedro de la revolución pacífica, que significa instaurar un modelo de justicia globalizada que permita a todos los seres humanos considerarse hermanos/as, y alcanzar la ansiada paz con el Creador, y el cosmos, independientemente de la religión que se profese.
El diálogo interreligioso e intercultural de corazón abierto para construir Otro mundo Posible ha comenzado, ¡Ojalá, todos se sumen a el!

3-Oración ecuménica..
- Por todos los hombres y mujeres que invocan a Dios bajo alguno de sus nombres, en cualquiera de las religiones, para que se esfuercen ante todo por realizar lo que intuimos que es la voluntad de Dios para la Humanidad... roguemos al Señor...
- Por todos los que tienen la vocación de animar la vida de las comunidades en cada una de las religiones, para que promuevan una fe religiosa que siempre integre la observancia y la promoción de la justicia...
- Para que la Iglesia sea un modelo de comunidad, en la que reine la fraternidad, la participación, la comunión... más que el poder, la jerarquización, la exclusión, los privilegios, la falta de participación y de democracia...
- Por nuestras comunidades cristianas: para que cada una de ellas sea un ejemplo de fe comprometida con la construcción de un mundo nuevo...
- Por esta comunidad nuestra, para que reviva su vida comunitaria con el compromiso por la defensa y la promoción de la Vida...

Oh Dios, Padre-Madre del género humano, que habitas e inhabitas el interior de esta materia espiritual el Universo. Ayúdanos a captar tu inefable mensaje de convergencia universal en el amor, de armonización solidaria en la