lunes, 6 de junio de 2011

Mateo 28,16-20 (04/06/11)

El Evangelio es la llave para otra Iglesia posible
Manolo


Mateo 28,16-20 
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo."

Reflexión pastoral
Las comunidades cristianas primitivas pos-pascuales debían tener la certeza del origen fidedigno de su razón de ser como militantes del proyecto profético que les demandaba la vida misma a cada instante.
Esta necesidad hizo que el evangelio se comportara como documento leído en cada reunión de la ecclesía local, para asegurar a los que conformaban la comunidad, que su entrega personal y colectiva por hacer una nueva cultura sin opresores ni oprimidos valía la pena, y también respondía al deseo de Dios.
Quienes redactaban estos escritos pues recogían esta responsabilidad con verdadera pasión, y volcaban en ellos la fuerza mística que poseían en sí mismos los acontecimientos que contaban.
En este sentido el pasaje de Mateo de la ascensión de Jesús es una muestra de cómo la comunidad sirio-palestinense del apóstol fue conmovida por el testimonio de este relator, acerca de su experiencia de despedida con el Maestro. Con sólo saber de la historia de esa comunidad, y la entrega de la que hizo gala por el reinado de Dios y su justicia, no caben dudas del efecto espiritual (convicción de criatura creadora y transformadora a semejanza divina) que tuvo el mandato de Jesús dado en ese momento, el de su ascensión.
En fin, de lo que se trata hoy es de recuperar la mística por el reinado de Dios y su justicia mediante la memoria de Jesús el hombre realizado que el evangelio cuenta, con la fuerza oculta pero a la vez evidente del Espíritu.
Para alcanzar la espiritualidad necesaria que produzca un comportamiento revolucionario al interior de la Iglesia actual, es imprescindible una pastoral como la de Mateo para contar la vida de Jesús en el plano histórico, sin las distracciones del dualismo agnóstico que hacen perder el rumbo a la comunidad para el aquí y el ahora.
Hay mucho por hacer en este sentido dentro de la misma Iglesia rescatando “discípulos” de entre quienes se entienden, a causa de una pastoral agnóstica, como “clientes de lo religioso”. Este cambio de estado propuesto por el evangelio de hoy al decir: “hagan discípulos” (militantes) y no otra cosa , es un desafío por concretar, con estos rescatados, una contracultura  radical a lo ya conocido que impera con la fuerza de la cultura del libre mercado, donde los fieles transaccionan con Dios sus “bienes” (salud, prosperidad, ausencia de problemas, etc.) a cambio de ofrenda, adoración, cumplimiento ritual, etc.
Es decir que la espiritualidad dentro de la comunidad de Mateo era entendida como militancia concreta de lo enseñado por Jesús acerca del Reino de Dios y su justicia, mientras que hoy parece espiritual aquella comunidad que está “mirando al cielo” para descubrir los secretos de Dios guardados y que una vez encontrados son el camino del éxito.
Nuestra pastoral se propone el desafío de concretar una comunidad militante por la justicia y los DDHH, ya que estos, y no otros, son los signos de la espiritualidad humana mostrados por Jesús a lo largo de su militancia por lo profético y que en su ascensión llamó a los seguidores “guardar” lo por él “mandado”.
En vísperas de la celebración de Pentecostés tomamos muy en serio el mensaje de la Ascensión porque si no hay militancia por el Reino no hay visita del Espíritu.
El evangelio una vez más es la llave que pone a la Iglesia en su camino para que Otro mundo sea posible.

Hechos de los apóstoles 8,5-8.14-17 (28/05/11)

En aquellos días, Felipe bajo a la ciudad de Samaría y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacia, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se lleno de alegría.
Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Juan 14,15-21  
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Si me aman, guarda- ran mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que les dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocen, porque vive con vosotros y está con ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero ustedes me verán y vivirán, porque yo sigo viviendo. Entonces sabrán que yo estoy con mi Padre, y ustedes conmigo y yo con ustedes. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él

Reflexión pastoral
En estas reflexiones jesuánicas que acabamos de leer, la comunidad de Juan el evangelista sienta su esperanza como agente del Otro mundo posible, en tiempos difíciles de persecución y miedo. La esperanza es que el Resucitado se manifestará en ellos con el Espíritu Santo, como fuerza mística en los momentos críticos de la confrontación del modelo de justicia restaurativa de Dios, que es  gran misión eclesial llegar a su realización, con los intereses del status quo de opresión y muerte imperante por la fuerza de las armas imperiales.
Es decir que en la lucha con el “mundo” (sistema de opresores y oprimidos) para Otro mundo (fraternidad universal de iguales) la Iglesia cuenta con la Presencia de su artífice, y con ello la garantía de que la entrega por la causa será vista como un acto de amor por Aquél que la amó primero.
Está claro para Juan que el amor ágape es servicio al Reino de Dios y su justicia (“si me aman, guardarán mis mandamientos”) y es ese el amor que resguarda el Espíritu y no otro.
La iglesia de Dios entonces nace por obra de Jesús e inspirada por el Espíritu, para establecerse como referencia de un modelo de justicia global distinto, basado en la dignidad humana de todos y todas, y con esta práctica de amor por los DDHH, impregnar la cotidianeidad.
En el texto de Hechos leído este domingo, se presenta a la comunidad eclesial naciente trabajando desde la nueva justicia del Reino de Dios por el reconocimiento de que en Samaria, la ciudad odiada en otros tiempos, sus moradores son hermanos y hermanas para vivir la paz.
Este reconocimiento es una originalidad de la iglesia jerosolimitana primitiva que le trajo alegría a los oprimidos, pero persecución y muerte a los militantes del proyecto jesuánico por parte de las estructuras de poder del templo y también Roma.
La historia de la Iglesia posterior a este tiempo verdaderamente pentecostal nos muestra la pérdida de sentido que esta ha tenido y tiene aún hoy en día. Con sólo verla consagrada a sus intereses institucionales de pureza ritual y doctrinal, sintiéndose en sus distintas versiones denominacionales como compartimentos estancos de pura verdad, y jueza de moral y costumbres del mundo entero, el Santo Espíritu no tiene hogar donde explotar con los dones de amor servicial incondicional para lograr, la dignidad, solidaridad e igualdad interracial, la humildad en la construcción ecuménica de la verdad, servicio comprometido a la justicia que levanta al oprimido y libera a los opresores de la maldad, y unidad en la diversidad.
Sólo el evangelio puede recuperar a la Iglesia como agente del Reino de Dios y su justicia, por eso hoy lo proclamamos para esto, y nos invitamos a la experiencia de una espiritualidad basada en el ágape que otorgue plafond al Espíritu Santo para su aterrizaje (encarnación) de nuevo en terreno conocido.
Que las comunidades de fe de cualquier denominación que conformamos la Iglesia en el mundo abramos las puertas al anuncio de Jesús para un Pentecostés distinto, en el que la señal más clara del nuevo tiempo sea el diálogo interreligioso por la  justicia y la paz.

Juan 14:1-12 (21/05/11)

1 «No se turben; crean en Dios y crean también en mí. 2 En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. Referencias versículo 33 Y después de ir y prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. 4 Para ir a donde yo voy, ustedes ya conocen el camino.»
5 Entonces Tomás le dijo: «Señor, nosotros no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» 6 Jesús contestó: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. 7 Si me conocen a mí, también conocerán al Padre. Pero ya lo conocen y lo han visto.»
8 Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre, y eso nos basta.» 9 Jesús le respondió: «Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ve a mí ve al Padre. ¿Cómo es que dices: Muéstranos al Padre? 10 ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Cuando les enseño, esto no viene de mí, sino que el Padre, que permanece en mí, hace sus propias obras.
11 Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanme en esto; o si no, créanlo por las obras mismas. 12 En verdad les digo: El que crea en mí hará las mismas obras que yo hago y, como ahora voy al Padre, las hará aún mayores.

Reflexión pastoral
La orfandad que se viene para los discípulos de Jesús, a causa de la crucifixión y muerte de este, es el tema del relato evangélico.
La condición de huérfano aquí está referida a la carencia de conduc –ción del proyecto profético.   
Porque este estado (orfandad) es un mal que hay que evitar se instale en la vida de una persona, o en una comunidad de ellas, es que Juan va a resaltar el modo en que Jesús acomete este desafío de impedir que los discípulos la experimenten y provoque la temida dispersión.
Cuando Jesús habla en esta última pascua judía con sus amigos, está pensando en el futuro del proyecto Reino de Dios y su justicia, iniciado por los profetas del antiguo testamento, y que él ha reivindicado con gran fuerza caminando por las aldeas y ciudades de la Palestina. Este porvenir del proyecto está ligado indefectiblemente a los militantes que participan con él en esta celebración tan significativa de los judíos, por lo tanto es menester que estos vivan el momento de su desaparición física con tristeza momentánea, pero no con desesperación.
Son varios los principios indubitables que plantea Jesús hay que incorporar, mediante la fe, en la vida militante para no ser vencidos por la desesperación. El primero de estos, expresa que: “en la casa (cosmos) del Padre (creador y monarca) hay lugar suficiente”, metáfora con la cual se describe al cosmos (según los salmos y otros escritos veterotestamentarios) como lugar apto para la construcción del proyecto profético. En seguida se da el segundo principio: “voy a preparar lugar para ustedes” que para nada significa lugares celestiales de disfrute, sino concretar el permiso de Dios para que los militantes sean autorizados a participar, con las leyes del Reino en la mano, de la construcción del “Otro mundo posible”.
Seguidamente viene la metáfora del camino, con la cual el Maestro se proclama arquitecto (mandante de los militantes) de esta construcción, calmando la ansiedad de Felipe, al verse desprovisto (huérfano)  objetivamente del paso a paso para el logro de la misión encargada.
El autoproclamado arquitecto profundiza su autoridad a la máxima expresión cuando plantea el principio: “el que me ve a mí (arquitecto) ve al Padre (arquitecto)” asegurando así que la habilidad constructiva de los militantes se logra con sólo hacer memoria de él a cada paso.
Aunque no es una originalidad decir que otra vez Jesús muestra su autoestima como ejemplo a seguir, como la gran receta contra la desesperación de los militantes inseguros de sí mismos, lo hago porque debemos redescubrirnos todos los seres humanos seguidores de la justicia restaurativa y la paz, como capaces de  las más grandes transformaciones en el aquí y el ahora con sólo hacer concreta la mística de la fe en Jesucristo resucitado y ascendido, que sigue trabajando mediante su Espíritu, para que percibamos el propósito del reino de los cielos  muy cerca de nosotros, de tal manera que toda tarea que llevemos a cabo por él, tiene el beneplácito (logrado por Jesús a favor nuestro) de Dios el Padre.
Tengo la sensación que las pastorales en la Iglesia del Señor padecemos de desconfianza en que la comunidad de fe en Jesús histórico deba estimarse como agente del Reino de Dios y su justicia para hablar y discutir la política, la economía, los DDHH, la sostenibilidad del planeta, el hambre y los tantos temas que hacen a la vida de los seres humanos, y que por eso hay que dedicarse al entretenimiento con propuestas metafísicas (así conciben los poderosos la religión) como herramientas de escape individual y grupal del sin sentido en el aquí y el ahora. ¡Ojalá! nos demos cuenta que Jesús trabaja delante del Padre abogando por nosotros como militantes de su proyecto de justicia y paz para hoy y aquí; ¡no lo defraudemos!

sábado, 21 de mayo de 2011

Juan 10: 1-10 (13/05/11)

Otra Iglesia es posible.
Manolo

Juan 10: 1-10
 «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.  Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz».  Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.  Entonces Jesús prosiguió:
«Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.
Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento.  El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir.
Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia. 

Reflexión pastoral
Esta metáfora jesuánica la rescata Juan para su comunidad en riesgo de pérdida del sentido, a causa de conducciones pastorales interesadas en evitar la confrontación con los poderes que estaban diezmando con persecución y muerte a las comunidades de fe, seguidoras de Jesús.
El objetivo juanino con este relato es pues advertir que toda pastoral en la Iglesia que distorsiona la radicalidad del proyecto de Jesús, con el fin de evitar la persecución y el conflicto con el poder injusto, es robarle a la comunidad su razón de ser por lo tanto inaceptable.
No debemos olvidar que el gnosticismo, entendido como una corriente filosófica centrada en la búsqueda de un conocimiento superior, había ganado espacios importantes en la Iglesia. Los gnósticos enseñaban que tal conocimiento no era simplemente intelectual sino que era difícilmente accesible al cristiano común y corriente. Según el pensamiento gnóstico, al alcanzar el creyente tan extraordinario conocimiento, alcanzaba “la salvación” para el más allá, por esta razón quién quería lograrla debía tener un ascetismo extremo.
Esta pastoral filosófica alejaba a la Iglesia del proyecto de Jesús llamado Reino de Dios (Jesucristo era un fantasma, que no tenía cuerpo ni era de carne y hueso, sino que sólo parecía humano), y la acercaba a las corrientes griegas y romanas de carácter indivi-dual para las cuales la mundanalidad por ser inapropiada para el espíritu era una bajeza inaceptable y había que huir de ella.
La espiritualización a-histórica de la salvación es el gran triunfo de esta corriente hermenéutica, ya que si se pregunta entre los creyentes comunes acerca del significado de la salvación, la respuesta está reducida al “alma humana en el cielo”.
Los apóstoles que preservaban el movimiento histórico de Jesús han ido desapareciendo y por lo tanto las pastorales continuadoras fueron mutando hacia el mundo de lo esotérico (Oculto, reservado; difícil de comprender) cambiando totalmente el sentido original de la Iglesia como avanzada del Reino aquí y ahora.
Esta realidad incipiente es la que combate fuertemente Juan por el año 100 de la era cristiana y que se visualiza con el relato que hoy nos ocupa.
Nos queda a nosotros tomar esta advertencia sobre los liderazgos pastorales como palabra de Jesús, que una vez más insiste decirnos que la única puerta para la iglesia es él mismo y que su proyecto histórico de justicia restaurativa, DDHH, democracia y paz es para aquí y ahora.
Hay que poner a la Iglesia en función del Reino y evitar las tentaciones pastorales marketineras (hoy también “apostólicas”) que pululan por doquier, especialmente aquella que nos dice ser palabra de Dios revelada particularmente, que se autodefine llave mágica para el éxito, la prosperidad y el triunfo personal.
Como Jesús ayer, la pastoral tiene que radicalizar la militancia por el reinado de Dios y su justicia, y no dejar resquicios para los intentos reduccionistas de aquellas pastorales nueva era, que a pedido de una sociedad cristiana superficial, quiere a la religión sacramental como un remedio “llame ya” para la desesperación, que simplemente lo hacen porque ahí hay garantía de crecimiento y popularidad eclesial, como si esto fuese el objeto de la misión en el mundo.
Cuando Jesús dice en el relato que su proyecto es vida abundante para todos y todas, está definiendo la dimensión política de este, y que su vida pastoral en la tierra será reivindicada por aquellos seguidores, que como los primeros, actuaron “obedeciendo a Dios antes que a los sistemas opresores”.
La vida para ser abundante precisa justicia que logre que el mundo sea una fraternidad real sin opresores ni oprimidos, y la Iglesia está para luchar por esto, o “para ser tirada en el camino y pisoteada por la realidad injusta”. Ojalá resucite la pastoral del Reino que lleve a la Iglesia a su sentido. Otra Iglesia es posible.

lunes, 9 de mayo de 2011

Lucas 24: 13-35 (08/05/11)

Es mi oración porque el Espíritu que sopló, haciendo arder el corazón de los caminantes de Emaús, hoy repita su acción trasformadora en nosotros.
Manolo

Lucas 24: 13-35
13 Aquel mismo día dos discípulos se dirigían a un pueblecito llamado Emaús, que está a unos doce kilómetros de Jerusalén, 14 e iban conversando sobre todo lo que había ocurrido. 15 Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos, 16 pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.

17 El les dijo: «¿De qué van discutiendo por el camino?» Se detuvieron, y parecían muy desanimados. 18 Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: «¿Cómo? ¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no está enterado de lo que ha pasado aquí estos días?» 19 «¿Qué pasó?», les preguntó. Le contestaron: «¡Todo el asunto de Jesús Nazareno!»
Era un profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por todo el pueblo. 20 Pero nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. 21 Nosotros pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel. Sea lo que sea, ya van dos días desdeque sucedieron estas cosas.
22 En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos han inquietado, 23 pues fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron hablando de una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. 24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron.»

25 Entonces él les dijo: «¡Qué poco entienden ustedes y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas! 26 ¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?»
27 Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas.
28 Al llegar cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante, 29 pero ellos le insistieron diciendo: «Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día.» Entró, pues, para quedarse con ellos.
30 Y mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. 31 En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció. 32 Entonces se dijeron el uno al otro: «¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»
33 De inmediato se levantaron y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo.
34 Estos les dijeron: «Es verdad: el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.» 35 Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión pastoral
Una vez más el Evangelio de la resurrección intenta sugerirnos en que consiste esta experiencia, mediante un relato acerca de dos discípulos de Jesús, que con su decisión de volver de Jerusalén al pueblo de donde salieron, a causa de la desaparición física de quién les había creado la esperanza del Reino de Dios y su justicia, muestran que sus expectativas de revolución mágica por parte de Jesús se esfumaron, y por lo tanto ya nada hay que hacer en ese lugar.
Me parece interesante descubrir la evidencia de que en el grupo de seguidores de Jesús existían distintas concepciones acerca de lo que debía pasar en Jerusalen con la entrada de Jesús, proclamado continuador del rey David, en el Templo. Sostener que estos dos discípulos, que vuelven a lo de siempre, pensaban que Jesús de un modo glorioso o mágico haría la revolución que terminaría con la tiranía del Templo y de Roma, no es descabellado. Esta idea no contemplaba que Jesús era sólo el iniciador del movimiento y menos que ellos a partir de la muerte del Mesías, debían ser los continuadores del fuego encendido.
La actitud de regresar a lo de siempre, dejando a los otros discípulos sin su participación en la construcción de la comunidad pos-pascual, marca que el seguimiento de Jesús que hacían estos era interesado, basado en la misma concepción de aquella multitud espectadora  de los prodigios del profeta,  que cuando este hizo la multiplicación de los peces y los panes a favor de ellos y luego fuera al otro lado del lago, el gentío corrió desaforadamente con la expectativa de nuevas “magias”, a lo que el Maestro replicó en durísimos términos este seguimiento por el espectáculo.
En este relato nuevamente aparece el desagrado jesuánico hacia ese seguimiento irresponsable, en la sentencia disparada a los desertores: “¡Que duros de cabeza y lentos para entender son ustedes!”
De todos modos en el relato se reconoce que Jesús entiende la necesidad de que los discípulos pasen, a modo de su propia resurrección, a la categoría de militantes y para eso, vuelve a acercarse a ellos con las armas capaces de provocar la vida militante: Renovar la idea de que el pueblo de Dios debe encarnar el plan profético como estrategia de construcción de la justicia, entendida como la dignidad de todos y todas como imagen y semejanza del Creador; y también, mediante la fracción del pan, el compromiso solidario de construir la comunidad de iguales que se reúnen en torno a la mesa sin discriminación en donde el poder se pone a disposición de lo débiles.
Desde esta mirada se hace indispensable la reflexión y que esta se convierta en el espíritu vivificador, que resucite la militancia por el Reino de Dios y su justicia en cada uno de nosotros. La promoción de la comprensión cabal de que la justicia es el cimiento de la paz, y que esta justicia hay que construirla en cada generación, es la pastoral que está faltando en la Iglesia, que cada vez más se promociona a sí misma  promoviendo el espectáculo y la fastuosidad, dejando de lado ser una contracultura del sistema en el que prima la imagen por sobre el sentido.
Hay un grito profético que surge del pan partido por Jesús, dirigido a la Iglesia en retroceso. Ojalá sea oído de tal modo que como a los caminantes de Emaús, haga “arder el corazón” como signo de resurrección eclesial, y este fuego nos ponga de pie y en camino del plan eterno de Dios, porque Otro mundo es posible.

martes, 3 de mayo de 2011

Juan 20,19-31 (30/04/11)

Sin mística de la resurrección no hay Otro mundo posible.
Manolo
Juan 20,19-31:

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espiritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Reflexión pastoral

El texto de Juan leído, es una versión de cómo el resucitado Jesús instala en la comunidad desesperada, la mística de la resurrección que lo levantó a él mismo de la muerte.
Yo llamo mística a esa fuerza intangible que se encarna en toda construcción comunitaria de cualquier organización, que tenga que ver con que el mundo viva realmente la justicia, y por ende la paz.
Estoy convencido que Dios resucitó a Jesús porque este creyó que el Reino de los cielos es posible aquí y ahora. Esta mística de resurrección operando en Jesús, es lo que le permitió afrontar la tortura y la muerte sin vacilar, sabiendo que esta no era su final.
Los evangelios nos refieren que hubo un tiempo entre la resurrección de Jesús y su ascensión al cielo, que el resucitado ocupó para trans- mitir esa fuerza a su comunidad de seguidores encerrados entre cuatro paredes, tal como estar en el sepulcro. Es buena la paradoja que de aquí se desprende, ellos los vivos, en realidad están muertos, lloran al crucificado y muerto, que en realidad está vivo.
El texto juanino es un maravilloso relato novelado de cómo la puerta del sepulcro de la comunidad desesperada (muerta), es atravesada por la mística de la resurrección, encarnada en Jesús, para remover esta desesperación que tiene como primera expresión, la huída de Tomás.
La operación resurrección trabajada por la “primicia de los resucita-dos (Jesús)” tiene el propósito de que la comunidad desmembrada por la tragedia, vuelva a la vida. En la primera visita de Jesús la co- munidad tiene el hálito de la vida, pero su plenitud se da cuando To- más vuelve a sentarse a la mesa común, significando esto que comu- nidad plenamente viva es aquella que practica de manera concreta la democracia de todas las voces valorizadas.
Ahora bien, Tomás, si bien su silla no fue ocupada, al volver a sentarse en ella debe dejar que su subjetividad sea dominada por la espiritualidad de la resurrección, que ya es una experiencia de la comunidad insuflada por el Resucitado. No es posible la comunidad de fe (aún las no religiosas), sin que todos sean partícipes de la místi- ca que la gobierna.
Jesús no asciende a los cielos hasta que su comunidad no viva en plenitud esta dinámica básica, que le permita ser referencial y confiable.
¿Que nos interpela esta interpretación del Evangelio y las otras lectu-ras bíblicas que lo acompañan?
Primero, como individuos creyentes en Dios pero independientes de cualquier filiación comunitaria por la razón que fuese, debemos saber que la mística de la resurrección, mediante la que se alcanzan los ideales más altos a los que aspiramos, sólo es posible hacerla propia, sentados a la mesa democrática de aquella comunidad que comulga esos mismos ideales. Como Tomás, muchos creyentes individualmente tienen convicciones de que se necesita una revolución jurídica en el mundo que establezca un contrato social mundial basado en los DDHH de todos y todas los que pisamos este planeta, pero ven esto como utopía irrealizable porque justamente les falta la mística de la resurrección, presente sólo en las comunidades de fe en estos ideales. El gran mensaje de Juan es pues la participa- ción democrática responsable en la comunidad de fe que aspira a Otro mundo posible, ya que allí sopla el Espíritu de Dios la mística de la resurrección, que es el insumo básico para que esta comunidad
(ojalá universal) vea la utopía realizable.
Los creyentes debemos reivindicar con pertenencia responsable a la comunidad, como portadora de la mística para que Otro mundo sea posible.
Amén

Juan 20, 1-9 (23/04/11)

Con Jesús resucita la verdadera justicia, la de Dios que es segura y camino insustituible para alcanzar la PAZ, en el aquí, el ahora, el más allá y la eternidad.
Manolo
 
Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:
–«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura : que él había de resucitar de entre los muertos.

Reflexión pastoral

La vida de Jesús en la historia es la vida perfecta (acabada según el plan divino), por lo tanto no podía ser retenida por la muerte.
Esta afirmación nos invita a ver al nazareno como paradigma indispensable a la hora de decidir, como comunidad humana, el camino para alcanzar la paz como estado permanente.
El Evangelio en sus cuatro versiones canónicas destacan a Jesús como el humano verdadero, y contracultura del modelo construido,basado en la realización individual e independiente.
Son numerosos los textos que se podrían citar para avalar lo expresado, pero no hay ninguno como los que relatan  la posición de Jesús frente a la tortura y la muerte, cuando estas fueron usadas para condenarlo, por no comulgar con la corrupción de los intereses de las clases dominantes.
Esta posición es la que define al hombre perfecto, es decir  aquel que se entiende a sí mismo no como centro sino parte de un todo.
Una y otra vez en el Evangelio Jesús dice a sus discípulos “es necesario que se cumpla el plan divino” haciendo alusión a lo dicho por los profetas de que el mesías (persona individual o comunidad), será aquél que da su vida enteramente por el reinado de Dios y su justicia, sin ninguna exigencia para sí a cambio (“Si quieres pasa de mi esta copa ( la tortura y la muerte) pero no se haga lo que yo quiero sino lo que tú”).
Muchas veces pensamos que mesías es un título honorífico reservado a personas cuasi-divinas con dotes celestiales, más Jesús nos enseña al mesianismo como servicio de alguien que en el nombre de Dios se niega a sí mismo, entendiendo esto al acto de dejar de ser centro para ser parte, y en esta posición, experimentar el gozo de ser útil a un plan trascendente en tiempo y espacio.
Para Jesús ser ungido (mesías) era un desafío permanente a su ego, tal como lo vemos en el relato de las tentaciones del desierto, es decir que en su fuero íntimo había una permanente batalla que librar y ganarle al acechante egoísmo.
Esta batalla ganada en todo el proceso desde Galilea a Jerusalén hizo de Jesús el “hombre perfecto”, que Dios resucita como signo de su agrado por el humano que se realiza sólo cuando es humanidad.
Es impresionante el valor del signo divino de resucitar a Jesús para nosotros hoy, llamándonos a una militancia por el bien común capaz de vencer la sociedad de clases. Esta militancia bien podríamos decir que es “ungida”, porque responde cabalmente a los designios divinos propuestos a los constructores humanos de la historia, que somos todos, en el jardín de Edén, según el relato del Génesis.
Para los militantes del reinado de Dios y su justicia, la resurrección de Jesús, entendida como veredicto de Dios, representa el triunfo de esta justicia sobre la juricidad del sanedrín y de la Roma imperial que extendida aún hoy mantiene legalizar lo injusto, porque está hecha considerando solo los intereses de los más fuertes.
Para nosotros, que Jesús haya sido resucitado por Dios nos indica cual es la verdadera vida humana, la que se juega porque la justicia del cielo sea realidad en la historia de los pueblos, y también nos da la fuerza necesaria para mantener viva la misión profética de una vida contracultural al sistema profundizador de la brecha entre ricos y pobres.

3-Oración ecuménica
 
- Para que la Iglesia dé testimonio de la resurrección trabajando siempre en favor de la vida, y de una vida digna y justa. Oremos.
- Para que todos los pueblos avancen en el camino de libertad, la justicia y la paz. Oremos.
- Para que el esfuerzo personal y colectivo de todos los que buscan una persona más humana y una sociedad más justa y fraterna, no resulte estéril. Oremos.
- Para que todos los que sufren las secuelas de la opresión, la violencia y la injusticia, encuentren más apoyo en nosotros para salir de su situación. Oremos
- Para que nuestra fe en la resurrección nos haga perder todo miedo a la muerte y renueve y profundice nuestro amor a la Vida. Oremos
- Para que la presencia viva de Jesús entre nosotros nos afiance en el compromiso con el Reino de Dios y su justicia. Oremos.

Oración comunitaria
 
Dios, nuestro Origen fontal, que nos llenas de gozo con ocasión de las fiestas anuales de Pascua. Ayúdanos para que, renovados por la gran alegría experimentada por la comunidad, trabajemos siempre por vencer a la muerte y hacer crecer la Vida , hasta que la experimentemos en su consumación plena. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo, hermano nuestro.