sábado, 21 de mayo de 2011

Juan 10: 1-10 (13/05/11)

Otra Iglesia es posible.
Manolo

Juan 10: 1-10
 «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.  Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz».  Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.  Entonces Jesús prosiguió:
«Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.
Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento.  El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir.
Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia. 

Reflexión pastoral
Esta metáfora jesuánica la rescata Juan para su comunidad en riesgo de pérdida del sentido, a causa de conducciones pastorales interesadas en evitar la confrontación con los poderes que estaban diezmando con persecución y muerte a las comunidades de fe, seguidoras de Jesús.
El objetivo juanino con este relato es pues advertir que toda pastoral en la Iglesia que distorsiona la radicalidad del proyecto de Jesús, con el fin de evitar la persecución y el conflicto con el poder injusto, es robarle a la comunidad su razón de ser por lo tanto inaceptable.
No debemos olvidar que el gnosticismo, entendido como una corriente filosófica centrada en la búsqueda de un conocimiento superior, había ganado espacios importantes en la Iglesia. Los gnósticos enseñaban que tal conocimiento no era simplemente intelectual sino que era difícilmente accesible al cristiano común y corriente. Según el pensamiento gnóstico, al alcanzar el creyente tan extraordinario conocimiento, alcanzaba “la salvación” para el más allá, por esta razón quién quería lograrla debía tener un ascetismo extremo.
Esta pastoral filosófica alejaba a la Iglesia del proyecto de Jesús llamado Reino de Dios (Jesucristo era un fantasma, que no tenía cuerpo ni era de carne y hueso, sino que sólo parecía humano), y la acercaba a las corrientes griegas y romanas de carácter indivi-dual para las cuales la mundanalidad por ser inapropiada para el espíritu era una bajeza inaceptable y había que huir de ella.
La espiritualización a-histórica de la salvación es el gran triunfo de esta corriente hermenéutica, ya que si se pregunta entre los creyentes comunes acerca del significado de la salvación, la respuesta está reducida al “alma humana en el cielo”.
Los apóstoles que preservaban el movimiento histórico de Jesús han ido desapareciendo y por lo tanto las pastorales continuadoras fueron mutando hacia el mundo de lo esotérico (Oculto, reservado; difícil de comprender) cambiando totalmente el sentido original de la Iglesia como avanzada del Reino aquí y ahora.
Esta realidad incipiente es la que combate fuertemente Juan por el año 100 de la era cristiana y que se visualiza con el relato que hoy nos ocupa.
Nos queda a nosotros tomar esta advertencia sobre los liderazgos pastorales como palabra de Jesús, que una vez más insiste decirnos que la única puerta para la iglesia es él mismo y que su proyecto histórico de justicia restaurativa, DDHH, democracia y paz es para aquí y ahora.
Hay que poner a la Iglesia en función del Reino y evitar las tentaciones pastorales marketineras (hoy también “apostólicas”) que pululan por doquier, especialmente aquella que nos dice ser palabra de Dios revelada particularmente, que se autodefine llave mágica para el éxito, la prosperidad y el triunfo personal.
Como Jesús ayer, la pastoral tiene que radicalizar la militancia por el reinado de Dios y su justicia, y no dejar resquicios para los intentos reduccionistas de aquellas pastorales nueva era, que a pedido de una sociedad cristiana superficial, quiere a la religión sacramental como un remedio “llame ya” para la desesperación, que simplemente lo hacen porque ahí hay garantía de crecimiento y popularidad eclesial, como si esto fuese el objeto de la misión en el mundo.
Cuando Jesús dice en el relato que su proyecto es vida abundante para todos y todas, está definiendo la dimensión política de este, y que su vida pastoral en la tierra será reivindicada por aquellos seguidores, que como los primeros, actuaron “obedeciendo a Dios antes que a los sistemas opresores”.
La vida para ser abundante precisa justicia que logre que el mundo sea una fraternidad real sin opresores ni oprimidos, y la Iglesia está para luchar por esto, o “para ser tirada en el camino y pisoteada por la realidad injusta”. Ojalá resucite la pastoral del Reino que lleve a la Iglesia a su sentido. Otra Iglesia es posible.

lunes, 9 de mayo de 2011

Lucas 24: 13-35 (08/05/11)

Es mi oración porque el Espíritu que sopló, haciendo arder el corazón de los caminantes de Emaús, hoy repita su acción trasformadora en nosotros.
Manolo

Lucas 24: 13-35
13 Aquel mismo día dos discípulos se dirigían a un pueblecito llamado Emaús, que está a unos doce kilómetros de Jerusalén, 14 e iban conversando sobre todo lo que había ocurrido. 15 Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos, 16 pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.

17 El les dijo: «¿De qué van discutiendo por el camino?» Se detuvieron, y parecían muy desanimados. 18 Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: «¿Cómo? ¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no está enterado de lo que ha pasado aquí estos días?» 19 «¿Qué pasó?», les preguntó. Le contestaron: «¡Todo el asunto de Jesús Nazareno!»
Era un profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por todo el pueblo. 20 Pero nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. 21 Nosotros pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel. Sea lo que sea, ya van dos días desdeque sucedieron estas cosas.
22 En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos han inquietado, 23 pues fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron hablando de una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. 24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron.»

25 Entonces él les dijo: «¡Qué poco entienden ustedes y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas! 26 ¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?»
27 Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas.
28 Al llegar cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante, 29 pero ellos le insistieron diciendo: «Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día.» Entró, pues, para quedarse con ellos.
30 Y mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. 31 En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció. 32 Entonces se dijeron el uno al otro: «¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»
33 De inmediato se levantaron y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo.
34 Estos les dijeron: «Es verdad: el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.» 35 Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión pastoral
Una vez más el Evangelio de la resurrección intenta sugerirnos en que consiste esta experiencia, mediante un relato acerca de dos discípulos de Jesús, que con su decisión de volver de Jerusalén al pueblo de donde salieron, a causa de la desaparición física de quién les había creado la esperanza del Reino de Dios y su justicia, muestran que sus expectativas de revolución mágica por parte de Jesús se esfumaron, y por lo tanto ya nada hay que hacer en ese lugar.
Me parece interesante descubrir la evidencia de que en el grupo de seguidores de Jesús existían distintas concepciones acerca de lo que debía pasar en Jerusalen con la entrada de Jesús, proclamado continuador del rey David, en el Templo. Sostener que estos dos discípulos, que vuelven a lo de siempre, pensaban que Jesús de un modo glorioso o mágico haría la revolución que terminaría con la tiranía del Templo y de Roma, no es descabellado. Esta idea no contemplaba que Jesús era sólo el iniciador del movimiento y menos que ellos a partir de la muerte del Mesías, debían ser los continuadores del fuego encendido.
La actitud de regresar a lo de siempre, dejando a los otros discípulos sin su participación en la construcción de la comunidad pos-pascual, marca que el seguimiento de Jesús que hacían estos era interesado, basado en la misma concepción de aquella multitud espectadora  de los prodigios del profeta,  que cuando este hizo la multiplicación de los peces y los panes a favor de ellos y luego fuera al otro lado del lago, el gentío corrió desaforadamente con la expectativa de nuevas “magias”, a lo que el Maestro replicó en durísimos términos este seguimiento por el espectáculo.
En este relato nuevamente aparece el desagrado jesuánico hacia ese seguimiento irresponsable, en la sentencia disparada a los desertores: “¡Que duros de cabeza y lentos para entender son ustedes!”
De todos modos en el relato se reconoce que Jesús entiende la necesidad de que los discípulos pasen, a modo de su propia resurrección, a la categoría de militantes y para eso, vuelve a acercarse a ellos con las armas capaces de provocar la vida militante: Renovar la idea de que el pueblo de Dios debe encarnar el plan profético como estrategia de construcción de la justicia, entendida como la dignidad de todos y todas como imagen y semejanza del Creador; y también, mediante la fracción del pan, el compromiso solidario de construir la comunidad de iguales que se reúnen en torno a la mesa sin discriminación en donde el poder se pone a disposición de lo débiles.
Desde esta mirada se hace indispensable la reflexión y que esta se convierta en el espíritu vivificador, que resucite la militancia por el Reino de Dios y su justicia en cada uno de nosotros. La promoción de la comprensión cabal de que la justicia es el cimiento de la paz, y que esta justicia hay que construirla en cada generación, es la pastoral que está faltando en la Iglesia, que cada vez más se promociona a sí misma  promoviendo el espectáculo y la fastuosidad, dejando de lado ser una contracultura del sistema en el que prima la imagen por sobre el sentido.
Hay un grito profético que surge del pan partido por Jesús, dirigido a la Iglesia en retroceso. Ojalá sea oído de tal modo que como a los caminantes de Emaús, haga “arder el corazón” como signo de resurrección eclesial, y este fuego nos ponga de pie y en camino del plan eterno de Dios, porque Otro mundo es posible.

martes, 3 de mayo de 2011

Juan 20,19-31 (30/04/11)

Sin mística de la resurrección no hay Otro mundo posible.
Manolo
Juan 20,19-31:

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espiritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Reflexión pastoral

El texto de Juan leído, es una versión de cómo el resucitado Jesús instala en la comunidad desesperada, la mística de la resurrección que lo levantó a él mismo de la muerte.
Yo llamo mística a esa fuerza intangible que se encarna en toda construcción comunitaria de cualquier organización, que tenga que ver con que el mundo viva realmente la justicia, y por ende la paz.
Estoy convencido que Dios resucitó a Jesús porque este creyó que el Reino de los cielos es posible aquí y ahora. Esta mística de resurrección operando en Jesús, es lo que le permitió afrontar la tortura y la muerte sin vacilar, sabiendo que esta no era su final.
Los evangelios nos refieren que hubo un tiempo entre la resurrección de Jesús y su ascensión al cielo, que el resucitado ocupó para trans- mitir esa fuerza a su comunidad de seguidores encerrados entre cuatro paredes, tal como estar en el sepulcro. Es buena la paradoja que de aquí se desprende, ellos los vivos, en realidad están muertos, lloran al crucificado y muerto, que en realidad está vivo.
El texto juanino es un maravilloso relato novelado de cómo la puerta del sepulcro de la comunidad desesperada (muerta), es atravesada por la mística de la resurrección, encarnada en Jesús, para remover esta desesperación que tiene como primera expresión, la huída de Tomás.
La operación resurrección trabajada por la “primicia de los resucita-dos (Jesús)” tiene el propósito de que la comunidad desmembrada por la tragedia, vuelva a la vida. En la primera visita de Jesús la co- munidad tiene el hálito de la vida, pero su plenitud se da cuando To- más vuelve a sentarse a la mesa común, significando esto que comu- nidad plenamente viva es aquella que practica de manera concreta la democracia de todas las voces valorizadas.
Ahora bien, Tomás, si bien su silla no fue ocupada, al volver a sentarse en ella debe dejar que su subjetividad sea dominada por la espiritualidad de la resurrección, que ya es una experiencia de la comunidad insuflada por el Resucitado. No es posible la comunidad de fe (aún las no religiosas), sin que todos sean partícipes de la místi- ca que la gobierna.
Jesús no asciende a los cielos hasta que su comunidad no viva en plenitud esta dinámica básica, que le permita ser referencial y confiable.
¿Que nos interpela esta interpretación del Evangelio y las otras lectu-ras bíblicas que lo acompañan?
Primero, como individuos creyentes en Dios pero independientes de cualquier filiación comunitaria por la razón que fuese, debemos saber que la mística de la resurrección, mediante la que se alcanzan los ideales más altos a los que aspiramos, sólo es posible hacerla propia, sentados a la mesa democrática de aquella comunidad que comulga esos mismos ideales. Como Tomás, muchos creyentes individualmente tienen convicciones de que se necesita una revolución jurídica en el mundo que establezca un contrato social mundial basado en los DDHH de todos y todas los que pisamos este planeta, pero ven esto como utopía irrealizable porque justamente les falta la mística de la resurrección, presente sólo en las comunidades de fe en estos ideales. El gran mensaje de Juan es pues la participa- ción democrática responsable en la comunidad de fe que aspira a Otro mundo posible, ya que allí sopla el Espíritu de Dios la mística de la resurrección, que es el insumo básico para que esta comunidad
(ojalá universal) vea la utopía realizable.
Los creyentes debemos reivindicar con pertenencia responsable a la comunidad, como portadora de la mística para que Otro mundo sea posible.
Amén

Juan 20, 1-9 (23/04/11)

Con Jesús resucita la verdadera justicia, la de Dios que es segura y camino insustituible para alcanzar la PAZ, en el aquí, el ahora, el más allá y la eternidad.
Manolo
 
Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:
–«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura : que él había de resucitar de entre los muertos.

Reflexión pastoral

La vida de Jesús en la historia es la vida perfecta (acabada según el plan divino), por lo tanto no podía ser retenida por la muerte.
Esta afirmación nos invita a ver al nazareno como paradigma indispensable a la hora de decidir, como comunidad humana, el camino para alcanzar la paz como estado permanente.
El Evangelio en sus cuatro versiones canónicas destacan a Jesús como el humano verdadero, y contracultura del modelo construido,basado en la realización individual e independiente.
Son numerosos los textos que se podrían citar para avalar lo expresado, pero no hay ninguno como los que relatan  la posición de Jesús frente a la tortura y la muerte, cuando estas fueron usadas para condenarlo, por no comulgar con la corrupción de los intereses de las clases dominantes.
Esta posición es la que define al hombre perfecto, es decir  aquel que se entiende a sí mismo no como centro sino parte de un todo.
Una y otra vez en el Evangelio Jesús dice a sus discípulos “es necesario que se cumpla el plan divino” haciendo alusión a lo dicho por los profetas de que el mesías (persona individual o comunidad), será aquél que da su vida enteramente por el reinado de Dios y su justicia, sin ninguna exigencia para sí a cambio (“Si quieres pasa de mi esta copa ( la tortura y la muerte) pero no se haga lo que yo quiero sino lo que tú”).
Muchas veces pensamos que mesías es un título honorífico reservado a personas cuasi-divinas con dotes celestiales, más Jesús nos enseña al mesianismo como servicio de alguien que en el nombre de Dios se niega a sí mismo, entendiendo esto al acto de dejar de ser centro para ser parte, y en esta posición, experimentar el gozo de ser útil a un plan trascendente en tiempo y espacio.
Para Jesús ser ungido (mesías) era un desafío permanente a su ego, tal como lo vemos en el relato de las tentaciones del desierto, es decir que en su fuero íntimo había una permanente batalla que librar y ganarle al acechante egoísmo.
Esta batalla ganada en todo el proceso desde Galilea a Jerusalén hizo de Jesús el “hombre perfecto”, que Dios resucita como signo de su agrado por el humano que se realiza sólo cuando es humanidad.
Es impresionante el valor del signo divino de resucitar a Jesús para nosotros hoy, llamándonos a una militancia por el bien común capaz de vencer la sociedad de clases. Esta militancia bien podríamos decir que es “ungida”, porque responde cabalmente a los designios divinos propuestos a los constructores humanos de la historia, que somos todos, en el jardín de Edén, según el relato del Génesis.
Para los militantes del reinado de Dios y su justicia, la resurrección de Jesús, entendida como veredicto de Dios, representa el triunfo de esta justicia sobre la juricidad del sanedrín y de la Roma imperial que extendida aún hoy mantiene legalizar lo injusto, porque está hecha considerando solo los intereses de los más fuertes.
Para nosotros, que Jesús haya sido resucitado por Dios nos indica cual es la verdadera vida humana, la que se juega porque la justicia del cielo sea realidad en la historia de los pueblos, y también nos da la fuerza necesaria para mantener viva la misión profética de una vida contracultural al sistema profundizador de la brecha entre ricos y pobres.

3-Oración ecuménica
 
- Para que la Iglesia dé testimonio de la resurrección trabajando siempre en favor de la vida, y de una vida digna y justa. Oremos.
- Para que todos los pueblos avancen en el camino de libertad, la justicia y la paz. Oremos.
- Para que el esfuerzo personal y colectivo de todos los que buscan una persona más humana y una sociedad más justa y fraterna, no resulte estéril. Oremos.
- Para que todos los que sufren las secuelas de la opresión, la violencia y la injusticia, encuentren más apoyo en nosotros para salir de su situación. Oremos
- Para que nuestra fe en la resurrección nos haga perder todo miedo a la muerte y renueve y profundice nuestro amor a la Vida. Oremos
- Para que la presencia viva de Jesús entre nosotros nos afiance en el compromiso con el Reino de Dios y su justicia. Oremos.

Oración comunitaria
 
Dios, nuestro Origen fontal, que nos llenas de gozo con ocasión de las fiestas anuales de Pascua. Ayúdanos para que, renovados por la gran alegría experimentada por la comunidad, trabajemos siempre por vencer a la muerte y hacer crecer la Vida , hasta que la experimentemos en su consumación plena. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo, hermano nuestro.
 

lunes, 18 de abril de 2011

Mateo 21: 6-16

La militancia por los DD.HH. de los pobres excluidos siempre acarrea en-frentamientos con las clases dominantes, en cualquier tiempo que se verifi-que esa acción religiosa (porque responde al mandato divino de que no hayan excluidos) y política (porque confronta con los poderes terrenales que los niegan escandalosamente), y estos enfrentamientos pueden llegar al de- rramamiento de la sangre de los militantes (el caso de Jesús).
El Salmo que leeremos hoy con gran emoción describe el grito militante, que clama ser acompañado por el Padre en la experiencia del despojo de la dignidad por parte del poder opresor.

Sal 21,8-9.17-18a.19-20.23-24
Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere.»
Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos.
Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel.

Mateo 21: 6-16
Los discípulos se fueron e hicieron como Jesús les había mandado.  Le trajeron la burra con su cría, le colocaron sus mantos sobre el lomo y él se sentó encima.
Había muchísima gente; extendían sus mantos en el camino, o bien cortaban ramas de árboles, con las que cubrían el suelo.
Y el gentío que iba delante de Jesús, así como los que le seguían, empezaron a gritar: «¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en lo más alto de los cielos!»
 Cuando Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se alborotó y preguntaban: «¿Quién es éste?» Y la muchedumbre respondía: «¡Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea!»
Jesús entró en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo. Derribó las mesas de los que cambiaban monedas y los puestos de los vendedores de palomas. Les dijo:
«Está escrito: Mi casa será llamada Casa de Oración. Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.»
También en el Templo se le acercaron algunos ciegos y cojos, y Jesús los sanó.
Los sacerdotes principales y los maestros de la Ley vieron las cosas tan asombrosas que Jesús acababa de hacer y a los niños que clamaban en el Templo: «¡Hosanna al hijo de David!». Estaban furiosos
Sal 8,3 y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen ésos?» Les respondió Jesús: «Por supuesto. ¿No han leído, por casualidad, esa Escritura que dice: Tú mismo has puesto tus alabanzas en la boca de los niños y de los que aún maman?»

Reflexión pastoral
El proyecto liberador de Jesús, llamado por él Reino de Dios y su justicia, era y es todavía hoy una actualización del proyecto profético vetero/testamentario sostenido desde Moisés en el decálogo, y puesto al día por el deuteronomista del tiempo del rey de Israel, Josías.
Este proyecto fue dejado de lado por la elite sacerdotal, refugiada en el templo, que impuso su propio modelo basado en la pureza ritual religiosa, por la cuál había que pagar con animales para el sacrificio (negociados por el mismo templo), y que para poder mantener los privilegios que de esta profesión emanaban, en un contexto de dominación imperial, tuvo que tranzar con Roma ( rey Herodes les construyó el templo) un sometimiento en el que el templo no fuera destruido, a cambio de prestarse a salvaguardar al Imperio de sublevaciones y alzamientos de los judíos oprimidos.
Fue así que el sacerdocio era más agente del orden romano, que servicio al pueblo en la presencia de Dios en la Casa de oración.
En este marco es que Jesús retoma el proyecto profético y conforma su mo- vimiento de pobres, excluídos  y declarados impuros con los que luego de su formación, se dirigió al Templo para su liberación como espacio de ora-ción y animación de las ideas libertarias, propias del pueblo de Israel.
El Evangelio de hoy, domingo de ramos, nos impone cómo fue esta entrada de Jesús en la ciudad y su acción subversiva posterior en el Templo, para que las celebremos a pesar del final cruento que tuvo, pero más que nada para que sepamos cual es la responsabilidad que asumimos los que nos deci- mos seguidores o discípulos de Jesús, cuando profesamos la fe en El como camino, verdad y vida, de ser veedores de la justicia en la tierra a fin que esta cumpla su realización de un mundo de paz.
Hoy la juricidad implementada para asegurar las diferencias de clase social,
la propiedad privada, la ética del capitalismo y otras relaciones de poder totalmente injustas, es como la abdicacion de los sacerdotes del Templo jerosolimitano, que en vez concebir con la mente de Dios a la justicia como restauradora de la igualdad, la vendieron al servicio de la persecución y condena de los transgresores de los intereses de la clase social dominante.
Tristemente estas normas jurídicas injustas y contrarias al proyecto de Jesús, porque no tienen a la paz para todos en la mira, son naturalizadas por muchos quienes se declaran cristianos, y peor aún, se refugian en la religión como neutralidad alienante, creyendo con ello preservar el nombre de Dios tres veces Santo.
Para estos cristianos un Jesús subversivo del status quo como el que entra en Jerusalen es intolerable, por lo tanto hay que cambiarlo por aquél que misteriosamente va al Templo para que lo maten, y así cumplir con el designio divino del derramamiento de la sangre inocente para satisfacer la furia de la divinidad por la humanidad, a causa de su pecado.
Nosotros quisiéramos, en este domingo de ramos, llamar la atención del poder mundial y su injusta construcción jurídica, parafraseando a Jesús en su expresión “…mi Casa será llamada casa de oración… a la que han convertido en cueva de ladrones”, y decir “…la justicia del Cielo es para la paz y ustedes la han convertido en una razón para la guerra”.
A la vez hacer un llamado a las religiones al compromiso por una práctica de la justicia, que a semejanza del Dios de la misericordia, contribuya a considerar que todo ser humano es criatura de Dios y por lo tanto con una dignidad propia, que de ninguna manera puede pisotear ninguna norma jurídica.
Nos ofrecemos humildemente al diálogo entre las religiones de buena voluntad, capaces de una nueva reflexión frente al avance del individualismo legalizado, y jugar el papel profético que en los distintos textos sagrados se nos reclama como personas de fe en Dios y en la vida digna para todos y todas.
 

martes, 12 de abril de 2011

Juan 11,1-45 (09/04/11)

La resurrección: Signo del reinado de Dios y su justicia restauradora. Abrazo
Manolo

En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.]
Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: "Señor, tu amigo está enfermo." Jesús, al oírlo, dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella." Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: "Vamos otra vez a Judea."
[Los discípulos le replican: "Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?" Jesús contestó: "¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto, añadió: "Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo." Entonces le dijeron sus discípulos: "Señor, si duerme, se salvará." Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa." Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: "Vamos también nosotros y muramos con él."]
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá." Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará." Marta respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día." Jesús le dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo."
[Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: "El Maestro está ahí y te llama." Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano."]
Jesús, [viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban,] sollozó y, muy conmovido, preguntó: "¿Donde lo habéis enterrado?" Le contestaron: "Señor, ven a verlo." Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: "¡Cómo lo quería!" Pero algunos dijeron: "Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?" Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: "Quitad la losa." Marta, la hermana del muerto, le dice: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días." Jesús le dice: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: "Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado." Y dicho esto, gritó con voz potente: "Lázaro, ven afuera." El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo y dejadlo andar."
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Reflexión pastoral
El Reinado de Dios y su justicia fue el anuncio de Jesús que registran los Evangelios para la humanidad de todas las generaciones y todas las latitudes,
y a ello entregó su vida de manera total.
Los evangelios, escritos en distintas fechas pos-pascuales, son composiciones que fueron producidas para mostrar cuales fueron las maneras que Jesús empleó para explicitar en que consistía dicho reinado divino.
Juan evangelista expresa que Jesús difunde las características del Reino mediante signos y señales que sus seguidores debían desentrañar para luego incorporar en su testimonio al mundo.
El relato de la resurrección de Lázaro entonces es una señal o signo, que Juan incluye en su testimonio, para ilustrar a la comunidad de fe en el seguimiento de Jesús como este encarna la justicia restaurativa, original del Reino de Dios, como insumo básico para la construcción de la nueva comunidad humana en paz.
Los sistemas de justicia que se han desarrollado en el mundo tienen como piedra angular o fin en si mismo penalizar, al término de un juicio, a las personas que cometen delitos por iniciativa propia o inducida. A la vista está, que lejos de encontrar la paz lleva este camino.
La propuesta de Jesús es que el mundo actúe a semejanza del Padre identificando a la justicia como instrumento restaurador, y así el mundo pueda ver la gloria de Dios en la resurrección de los condenados, dominando la tierra.
La concepción bíblica de la muerte como penalización del pecado es contrapesada por Jesús con su propuesta del Reino, que tiene a la justicia de la resurrección como restauradora del supremo valor de la vida en plenitud de los “muertos en sus delitos y pecados” para todos los seres humanos del planeta.
Cuando en la tierra la justicia no se agote en la pena de los transgresores de la ley sino en la instalación de la paz mediante la resurrección (restauración en plenitud) de los condenados, recién entonces el Reino de Dios estará cerca.
Por supuesto que para esto es necesaria una nueva mente, la del Dios de Jesus, que promueve la esperanza en una nueva humanidad, no de otro planeta,
sino de aquí, transformada por el ágape generalizado de todas y todos desde la conciencia fraternal aflorando al final del día individualista, en el que la justicia sólo concibe el “ojo por ojo y diente por diente”.
La mente de Dios en los humanos es la propuesta de las comunidades religiosas no soberbias, que se prestan al Reinado de Dios sobre la tierra porque saben que este las trasciende, por lo tanto no son autoreferenciales sino compañeras de búsqueda entre todas las de buena voluntad de la nueva conciencia que haga realidad OTRO MUNDO POSIBLE

Juan 9,1-41 (01/04/11)

Para cristianos en capacidad de vislumbrar que Otro mundo es posible. Que jesús unte con el barro de la tierra nuestros ojos.
Manolo


En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. [Y sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quien pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?" Jesús contestó: "Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo."
Dicho esto,] escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado." Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: "¿No es ése el que se sentaba a pedir?" Unos decían: "El mismo." Otros decían: "No es él, pero se le parece." Él respondía: "Soy yo."
[Y le preguntaban: "¿Y cómo se te han abierto los ojos?" Él contestó: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver." Le preguntaron: "¿Dónde está él?" Contestó: "No sé."]
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: "Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo." Algunos de los fariseos comentaban: "Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado." Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?" Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?" Él contestó: "Que es un profeta."
[Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?" Sus padres contestaron: "Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse." Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: "Ya es mayor, preguntádselo a él."
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador." Contestó él: "Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo." Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?" Les contestó: "Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?" Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: "Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene." Replicó él: "Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder."]
Le replicaron: "Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?" Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: "¿Crees tú en el Hijo del hombre?" Él contestó: "¿Y quién es, Señor, para que crea en él?" Jesús les dijo: "Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es." Él dijo: "Creo, señor." Y se postró ante él.
[Jesús añadió: "Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve vean, y los que ven queden ciegos." Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: "¿También nosotros estamos ciegos?" Jesús les contestó: "Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste."]

Reflexión pastoral

Lejos de alentar una práctica eclesial mágica, este texto juanino es un relato para mostrar la autoridad profética de Jesús, catalogado por el evangelista en el principio de su documento como el “Verbo era Dios que habitó entre nosotros”, frente a las autoridades del Templo perimidas e inoperantes en la solidaridad con los menoscabados, como el ciego de la historia.
Visto este acontecimiento desde el interés de Juan, no caben dudas acerca de cuál es la misión de la Iglesia seguidora de Jesús en la historia pos-pas cual, que los oprimidos recuperen la vista para discutir el poder de los opresores.
La presentación de Juan que hoy nos ocupa en esta cuaresma, es un llamado de atención a la Iglesia en misión que no debemos desaprovechar para recuperar autoridad moral(como la iglesia primitiva), en medio del descreimiento generalizado (cuando no creencia en contra) acerca del propósito liberador de la comunidad de fe en Jesús histórico.
Es por esto que no debemos ahorrar tiempo en esta reflexión, si la misma desnuda las miserias que acarreamos desde que nuestra lectura del Evangelio ha sido sólo sacramental, y no vivificante del discipulado radical de Cristo.
Este aprovechamiento del tiempo cuaresmal colectivo, no sólo individual, traerá a nuestras conciencias la necesidad de cambios profundos en el ser Iglesia al servicio del Reino de Dios y su justicia, que redundarán directamente en las cegueras del mundo, trayendo una nueva mirada más humana, como sellada con la imagen y semejanza de Dios creador.
Salir de la ceguera es el deseo de Dios expresado en Jesús por Juan en su evangelio, razón por la cual, seguir en la ceguera es un acto de soberbia insultante que creo no deberíamos desconocer, a riesgo de pertenecer al grupo de lo calificados por Jesús como pseudos-videntes.  
Con esta consigna, las comunidades cristianas integradas en la Iglesia del Cristo de Dios, construyen (o deben) una agenda destinada a generar el mismo debate, que por indicación de Jesús, propició el ciego sanado.
Lo original del relato es que la clase dirigente (Moisés-Aarón) de los hebreos (o israelitas) luego judíos, otrora gentuza insignificante, cuando tuvieron conciencia de su dignidad le discutieron el poder al faraón del Egipto imperial hasta ganar su liberación, ahora son parte de las estructuras del poder concesionado por los romanos y lejanísimos a las miserias del pueblo oprimido.
Con este antecedente, hoy una cuaresma eclesial es un verdadero desafío ya que nos puede poner, fruto de una lectura histórico-crítica del Evangelio, en vez del camino de la liberación (del ver) como agentes funcionales al poder opresor, con una agenda del “status quo” inservible para el marco local y mundial de opresión, injusticia y desigualdad.
¿Como se verifica una Iglesia del “status quo”?
Cuando decimos fuera del contexto jesuánico aquello de: “siempre habrá pobres”, estamos justificando la marginalidad como efecto indeseado del sistema sacralizado de libre mercado, y frente a esto a los “ciegos” (los excluidos) se los provee de bastón para desenvolverse en la oscuridad, pero nunca de ideas (nueva visión) revolucionarias como las del Reino de Dios, nuestra agenda es neutra y por lo tanto, al decir del Apocalipsis, “vomitiba” al gusto del Señor.
Cuando tomamos los valores occidentales, por ejemplo de propiedad privada, justicia retributiva, sociedad de clases, y solidaridad opcional como íconos sagrados y los difundimos como cristianos, nos inscribimos al servicio de un modelo individualista totalmente ajeno al proyecto de Jesús que nos coloca en la perspectiva divina de verdaderos desconocidos, que Jesús marcó a sus discípulos preguntándoles: “¿ y ustedes de quienes son?”.
En la Cuaresma la Iglesia lee el evangelio, ¡ojalá! nuestros ojos sean abiertos al plan de Dios encarnado en Jesús, y seamos a la vez como él apertura de nuevas visiones en el mundo que nos lleven a la justicia y paz verdaderas.